Antropoceno y Capitaloceno: Explorando las raíces del cambio climático

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Adriana Michell González López

Actualmente, la humanidad enfrenta una grave crisis civilizatoria, en la que la explotación de la naturaleza se ha intensificado al considerarse como un recurso ilimitado que se puede mercantilizar, organizar y controlar para satisfacer demandas de producción y consumo vinculadas a una lógica de acumulación infinita.  (Moore, 2020)

Como consecuencia, se han producido una serie de impactos ambientales como la deforestación, la pérdida de biodiversidad, la degradación del suelo, la escasez y contaminación del agua, y el cambio climático, provocado por el  aumento de la temperatura del planeta debido a las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por el uso de combustibles fósiles.

En este contexto ha surgido el término “Antropoceno”, propuesto en el año 2000 por el científico holandés Paul J. Crutzen para designar a la era geológica actual, en la que “el impacto del ser humano sobre las transformaciones del planeta iguala o sobrepasa el poder de las fuerzas naturales -geológicas  y biológicas” (Briones et al, 2019, p. 22). Sin embargo, al señalar a la acción humana en general como responsable de alterar el clima de la Tierra y la función de los ecosistemas, no permite distinguir etapas históricas, relaciones sociales y modelos de producción que han transformado el entorno natural con el paso del tiempo. 

El origen de este periodo geológico inicia en el siglo XVIII, con el auge de los combustibles fósiles durante la Revolución Industrial. Estudios científicos, han  identificado este momento como un punto de inflexión debido  a las altas concentraciones de dióxido de carbono (CO2) y metano (CH4) encontradas al hacer análisis químico del aire en las capas polares de este último periodo de poco más de dos siglos. (Crutzen, 2002)

El ser humano ha utilizado  los recursos naturales desde sus orígenes debido a su sentido de supervivencia, sus necesidades básicas como el alimento y el refugio lo llevaron a desarrollar herramientas y técnicas que facilitaron el aprovechamiento de su entorno natural.  Sin embargo, durante la colonización de América en el siglo XVI, los modos de producción tradicionales como la agricultura de subsistencia fueron transformados y subordinados a dinámicas de extracción y explotación de la naturaleza que permitieran producir a gran escala para la expansión mercantil y la obtención de ganancias, acelerando los ciclos de tiempo y espacio de la tierra (Pineda, 2021), es decir, que la extracción de los recursos fue más rápida que los tiempos regenerativos de la naturaleza.

Este cambio histórico dio paso al ascenso del capitalismo temprano y, con él, a la pérdida del valor intrínseco de la naturaleza (Gudynas, 2010), al considerarla como una mercancía para la acumulación de ganancias y no por su importancia para el sostenimiento de la vida. Desde entonces, el capitalismo ha experimentado  diversas reconfiguraciones a través del tiempo, dando lugar a nuevas formas de apropiación y explotación de la naturaleza. En este sentido, la innovación del uso del carbón y el vapor en el siglo XVIII supuso una reestructuración más, ya que se maximizó la productividad del trabajo y la explotación de la naturaleza mediante el uso de combustibles fósiles y nuevas tecnologías.

Por lo tanto, el cambio climático no debe comprenderse simplemente como un fenómeno actual, sino como un proceso que se ha venido formando desde hace ya varios siglos debido al agotamiento de la naturaleza y a las dinámicas destructivas del capitalismo histórico, que desde el siglo XVI, han sido capaces de “transformar ambientes, degradar los sistemas vivos y las capacidades de autorregulación y complejización”.  (Navarro y Linsalata, 2021, p.88)  

Asimismo, considerar a la era actual como “Capitaloceno” o “Edad del capital” puede ayudar al desarrollo de estrategias que permitan responder a la crisis climática al reconocer que las responsabilidades y los impactos orientados al cambio climático responden a dinámicas económicas y sociales específicas que a través del tiempo han impulsado la explotación de la naturaleza en pro de una lógica de acumulación infinita.

Referencias

  1. Briones, C., Lanata, J., Monjeau, A. (2019). El futuro del Antropoceno. Utopía y Praxis Latinoamericana, 24 (84), 19-31. https://produccioncientificaluz.org/index.php/utopia/article/view/24133/24581 
  2. Crutzen, P. (2002). Geology of Mankind. Nature, 415, 23. https://www.nature.com/articles/415023a 
  3. Gudynas, E. (2010). La senda biocéntrica: Valores intrínsecos, derechos de la Naturaleza y justicia ecológica. Tabula Rasa, 13, 47-71. http://www.scielo.org.co/pdf/tara/n13/n13a03.pdf 
  4. Moore, J. (2020). El capitalismo en la trama de la vida. Ecología y acumulación de capital (2da ed.). Traficantes de sueños.
  5. Navarro, L., y Linsalata, L. (2021). Capitaloceno, luchas por lo común y disputas por otros términos de interdependencia en el tejido de la vida. Reflexiones desde América Latina. Relaciones Internacionales, (46), 81-98. https://doi.org/10.15366/relacionesinternacionales2021.46.005 
  6. Pineda, C. (2021). Límites y contradicción del capital en la naturaleza. Problemas del desarrollo, 52 (207), 157-178. https://doi.org/10.7440/res64.2018.03 
  7. Reyes, M. (2020). El discurso del Antropoceno: limitaciones ante la emergencia climática. En C. Tornel (Coord.), Alternativas para limitar el calentamiento global en 1.5°. Más allá de la economía verde (pp. 86-124). Heinrich Böll Stiftung.

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Imagen de portada: Cañón del sumidero, Chiapas, México. Fotografía propia.

Sobre la autora

Adriana Michell González López

Egresada de la licenciatura en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Sus intereses de investigación se centran en pueblos indígenas, América Latina, cambio climático y el concepto de Capitaloceno. A través de una perspectiva crítica busca comprender las relaciones de poder que configuran la crisis socioambiental contemporánea. Correo electrónico: agonzalez@politicas.unam.mx


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